| RESERVA TERRITORIAL NAHUA, KUGAPAKORI, NANTI Y OTROS
La Reserva Nahua , Kugapakori, Nanti y Otros fue creada en 1990. El objetivo de esta Reserva es proteger los derechos, las vidas y los territorios de los pueblos indígenas que viven en situación de aislamiento voluntario o contacto inicial, tales como los Nahuas y los Nantis. (Shinai, 2004)
Esta Reserva se encuentra ubicada al sudeste del país, abarcando un área aproximada de 457,435 ha . de selva baja. Es una de las cinco reservas territoriales del Estado a favor de grupos étnicos en aislamiento voluntario o en contacto inicial. No obstante, un 74% del Lote 88 del proyecto Camisea se superpone con la Reserva Territorial Nahua-Kugapakori, ubicándose dentro de ella tres de las cuatro plataformas para la explotación de gas (San Martín III, Cashiriari I y Cashiriari III) (Shinai, 2004).
Los Nantis se encuentran ubicados en la parte alta del río Camisea y están asentados en dos comunidades: Montetoni y Malanksiari; los Nahuas (o Yora, como ellos se denominan) viven en las regiones cabeceras de los ríos Mishagua y Sepahua, la cuenca del Bajo Urubamba y a lo largo de algunos tributarios del río Manu en la cuenca de Madre de Dios. Estas comunidades están siendo afectadas por el proyecto de diferente manera, ya que algunas de las familias del Alto Paquiria han sido forzosamente trasladas por la empresa (Machiguengas que estaban trabajando para la empresa obligaron a que se trasladen debido a las enfermedades) pues el trabajo de sísmica trajo consigo el incremento de las enfermedades infecciosas y la migración de la fauna (Shinai, 2004).
Asimismo, los pueblos indígenas en aislamiento voluntario, debido a las agresiones ocurridas en el pasado, evitan en lo posible relaciones con otros pueblos; dichos pueblos actualmente enfrentan una disyuntiva de supervivencia, debido principalmente, a que su forma de vida esta íntimamente vinculada al hábitat del bosque natural y al agua natural de los ríos que fluyen de las laderas andinas orientales y de la cuenca del río Urubamba, los impactos mencionados anteriormente están afectando su forma de vida, además de su salud y el modo en que obtienen su sustento diario (Informe Defensorial Nº 103).
Por otra parte, el incremento en el ingreso económico de los trabajadores nativos involucrados en el proyecto puede potencialmente servir para la adquisición de escopetas y redes de pescar, aumentando la presión sobre las especies de caza y pesca que eventualmente se obtienen en la reserva comunal (Caffrey, 2002). Asimismo, existe una gran preocupación relacionada con la seguridad y subsistencia de las comunidades, así como de aquellos pueblos indígenas seminómadas.
El traslado forzado ha sido reconocido como una fuente de trauma y trastorno particularmente grave para los pueblos indígenas y es una infracción grave de sus derechos individuales y colectivos, según el convenio 169 de la OIT (artículo 16, párrafo 1) y el grupo de trabajo de la declaración de los derechos de los pueblos indígenas de la ONU (artículo 10).
No se conocen a largo plazo los impactos de la explotación de gas en la Reserva Nahua- Kugapakori pero diversos estudios(1) han indicado que “ el impacto sobre los poblados indígenas es probablemente el más severo de todos los impactos del proyecto ” ya que dentro de la reserva las poblaciones son más vulnerables a las enfermedades debido a que no están inmunizadas (Shinai, 2004).
Es probable que los Machiguengas de los ríos Camisea y Cashiriari hayan sido afectados por el trabajo de sísmica, dado que pasó por las áreas donde viven y cazan, tal es el caso de los Machiguengas en el asentamiento de Inorato, la cual probablemente ha sido afectada por las actividades de construcción y producción de la plataforma San Martín III la cual queda cerca del asentamiento. Por otro lado, familias Nantis que se encuentran en el alto Cashiriari fueron afectados por el trabajo de sísmica del Lote 88 ya que estas comunidades se encuentran muy próximas a dicho lote. (Shinai, 2004)
Notas: (1) Goodland, Robert (2005) Oil and Gas Pipelines Social and Environmental Impact Assessment: State of the Art. Virginia. USA p. 91 |