LA PRIMERA, 15 DE ABRIL DEL 2009
En cifras redondas III
Carlos Herrera Descalzi
Columnista
Si en vez de exportar a México los 4.2 TCP (léase “Tera Pies Cúbicos” y entiéndase billones de pies cúbicos) comprometidos con este destino se vendiesen en el Perú, destinando sólo 50% para la generación eléctrica, en Boca de Pozo –en vez de los US$ 723 millones que recibiría del exportador– el productor facturaría US$ 8,642 millones (Pluspetrol y Sonatrach se beneficiarían enormemente); el fisco recaudaría US$ 5,811 millones entre impuesto a la renta y regalías; las regiones involucradas se repartirían un Canon de US$ 2,906 millones; y, por no tener que emplear diésel 2 en vez de gas natural, los productores eléctricos se ahorrarían US$ 22,743 millones, de los cuales la mitad sería menor pago para los consumidores residenciales (o sea la consumida en nuestras casas) y la otra mitad sería el costo de producción que se ahorraría el sector productivo (agroindustria, industria, pesquería, minería, …), ayudando a la competitividad de los productos que sí nos conviene exportar.
Irónicamente, sin mediar estudio ni evaluación previa, la operación descrita fue calificada por el D.S. 050-2005-EM, como “Que, la exportación de Gas Natural Licuado es de suma importancia para el desarrollo de la industria del Gas Natural, con el consiguiente beneficio para la economía nacional”. Le concedimos ventajas tributarias y condiciones especiales (ver Ley 28176 o “Ley de Promoción de la Inversión en Plantas de Procesamiento de Gas Natural” y su Reglamento D.S. 031-2004-EM). Nuestras autoridades nos convirtieron en el pavo que celebró la Navidad y se deshizo en atenciones al cocinero.
Las cifras del “negocio” nos enseñan como es que habitando un país rico en recursos naturales, un enorme porcentaje de familias e individuos se encuentran en pobreza o extrema pobreza. ¿Será que no sabemos negociar? Y, como el ser humano es el único que tropieza dos veces con la misma piedra, el pasado diciembre, en un Foro Energético del CIP, cuando se mencionaba que nuestro potencial hidroeléctrico se estimó en 60,000 MW a inicios de los años 80, alguien espetó “eran 60 mil Megawatts; ahora sólo son 30 mil, pues la mitad ha sido cedida al Brasil”. ¿Se repetirá la historia del gas de Camisea?. Hay que analizar la experiencia paraguaya en el proyecto binacional Itaipú.
La hidroeléctrica de Machu Picchu es otro caso. En julio de 2001, el reconstructor de la primera etapa, inaugurada en mayo de ese año, estuvo dispuesto a construir la segunda por US$ 39 millones, a firme; implicaba un costo unitario de US$ 500 por kiloWatt. En 2007, un concurso que respondió a determinados Términos de Referencia, con postor único, recibió una única oferta –que se desechó por lo elevado de la cifra– porque pedía US$ 86 millones a suma alzada, que con supervisión e IGV llegaban a US$ 104.3 millones, resultando en US$ 1,270 por kiloWatt instalado; en ese momento, la demanda internacional estaba en pleno auge y los precios escalaban aceleradamente; los suministradores no se daban abasto para atender la demanda.
Ahora, en 2009, con un escenario inverso de recesión y desinflada de precios, una nueva oferta eleva la potencia instalada a 99 MW, resultando en US$ 134 millones bajo la modalidad de precios unitarios, augurio de escalamientos futuros. Con supervisión e IGV el monto llega a US$ 165.4 millones, con el costo del kiloWatt en US$ 1,313. El costo adicional, resultante de dividir el mayor costo entre la mayor potencia, da un valor del kiloWatt adicional de US$ 3595, lo que requeriría una tarifa de US$ 160/MWh, es decir, impagable.
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