LA PRIMERA, 01 DE MARZO DEL 2009
Perú LNG abusa de agricultores
Por Raúl Wiener,
Denis Merino
Unidad de Investigación
Algo bueno estaba llegando le dijeron a la familia Zunino, junto a otros 27 millones de peruanos. El gas de Camisea nos catapultaba a la modernidad, a la energía barata, a la vida cómoda, ¿quién se iba a oponer a que un grupo de empresas se encargaran de sacarnos ese valioso producto del fondo de la tierra y lo trasladasen a través de la selva y de los cerros, en interminables tuberías, hasta la costa donde florecerían las plantas de tratamiento y donde nos sobraría una buena parte para exportar a otros mercados (México, Chile, Estados Unidos), que ya están más desarrollados en el empleo del gas natural?
¿Se acordarán que Toledo inauguró tres o cuatro veces el proyecto Camisea, premunido de un caso de ocasión? Pero como usualmente pasa en este hermoso país, los entusiasmos gubernamentales, premiados por titulares de periódicos y por encuestas, siempre terminan estrellados en realidades menos gratas. Hoy estamos descubriendo que muchos industriales y consumidores fueron inducidos a invertir para pasarse al gas, pero el producto sigue siendo insuficiente. Y lo peor es que el gas fue comprometido para su exportación cuando no les alcanza para la demanda interna.
Eso lo sabe ahora todo el mundo. Y también la familia Zunino, que tiene su chacra en Chincha en una propiedad que ha cumplido venerables cien años y que se ha transmitido a hijos, nietos y bisnietos, en la que se siembran paltos para exportación. Lo saben, pero les duele más que a otros, porque por sus tierras pasa ahora el tubo con el que Perú LNG está transportando el gas que irá a México y que se pretendía que fuera a otros países. Su plantación está dañada. Casi herida de muerte. Una línea de acero de 137.39 metros de largo y 25 metros de ancho, divide el campo, destruye sembríos, corta canales de regadío, e impone la ley de la gran empresa.
Es decir que para despojar al país del gas que necesita, Perú LNG también abusa de los pequeños y medianos agricultores costeros, como antes se hizo con los comuneros de la selva y sierra. Los Zunino son un ejemplo dramático. Porque, para pasar por su predio, los de LNG simplemente pasaron. Es decir, metieron máquina, levantaron cercos y pusieron su tubo. Luego llamaron a la familia y le ofrecieron el dinero que quisieron. Otras familias de los alrededores también fueron invadidas, algunos aceptaron el pago, con el argumento de que peor es quedarse con las manos vacías, y hay quienes están desmoralizados por esta modernidad tan agresiva.
Don Ángelo
El patriarca de los Zunino es don Ángelo y tiene 82 años, pero todavía tiene fuerzas en las piernas y en el corazón para defender las tierras a las que dedicó la vida. Ahí hubo vid, algodón y ahora paltos, explica su hija Magdalena, quien acompaña al viejo agricultor en esta nueva aventura de resistencia a la adversidad. Por aquí han pasado sequías, inundaciones, trampas del mercado, pero ninguna como LNG, comenta.
“Están destruyendo la agricultura, a la gente humilde les están dando dos mil soles por su lote. Hay abogados, como el estudio jurídico Miranda y Amaro, que actúa contra sus compatriotas, representando los intereses de las grandes empresas. Ellos creen que pueden citarnos, después que ya fuimos invadidos y vejados, y ofrecernos un cheque para que nos quedemos tranquilos. Vamos a seguir batallando ante las cortes y el Tribunal Constitucional, porque nos asiste la razón”, dice con firmeza Magdalena.
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