EL COMERCIO, 14 DE ABRIL DEL 2009

Punto de vista
CANON: ¿RESPUESTA A LA POBREZA?
Por: Cecilia Blume Abogada

En Semana Santa volví al Cusco y al valle del Urubamba. También conocí Huarocondo, distrito ubicado cerca de Anta. Esta vez me quedé algunos días, lo que me permitió apreciar la ciudad a la luz del bienestar económico nacional de los últimos años, del cual el Cusco ha participado de manera importante a través del turismo, el desarrollo del gas de Camisea, y la explotación de las minas de su localidad. Ello a pesar de que el Cusco sigue siendo eminentemente agropecuario, aunque los ingresos por cultivos como cebada, maíz, papa y quinua, fuente de sustento de gran parte de la población, son minúsculos comparados con el resto de actividades de la zona.

El Cusco hoy es una ciudad que está en el mapa del mundo, probablemente antes que Lima. El centro está lleno de tiendas, restaurantes y hoteles que se mezclan con monumentos históricos bien mantenidos. La periferia, sin embargo, nos muestra una realidad mucho más cruda donde los niños caminan sin zapatos y los techos de sus casas de adobe son cubiertos por planchas de calamina, sostenidas por piedras. No hay agua, no hay luz y menos teléfono. A diferencia de otras ciudades, el turista se desplaza no solo por el Centro Histórico, sino que se le puede ver por todos lados. Así, la industria cusqueña más visible es el turismo.

Pero a partir del canon gasífero proveniente de Camisea y del producido por los altos precios de los minerales, el Cusco ha recibido ingresos importantes que, por mandato de diversas leyes, se reparten a los lugares donde se encuentran los recursos naturales explotados y comercializados por terceros y así, de alguna manera, devuelven a estas zonas parte de la riqueza natural extraída. Según estimados de la Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía, entre 2005 y 2008, el Gobierno Regional del Cusco y los gobiernos locales han recibido por canon minero aproximadamente S/.553 millones y por su gas natural, en ese mismo período, S/.1.741 millones.

La pregunta que debemos contestar es si el Estado, habiendo decidido entregar recursos de todos los peruanos a los lugares donde se ubican los recursos naturales explotados, ha realizado mediciones sobre su uso o, en otras palabras, si estos recursos han servido a los cusqueños para mejorar su calidad de vida. Mi apreciación, basada en lo que he podido ver en estos días, es que la vida de los cusqueños más pobres no habría cambiado mucho, y que bien haría el Gobierno Central en evaluar si los recursos del canon se usan para paliar la pobreza o si estos son malgastados.
Una revisión del canon y su aplicación es un tema que por su complejidad y politización no quiere ser abordado por el Gobierno, pero es una responsabilidad inmediata que se verifique el uso de estos fondos públicos y se hagan las correcciones del caso.