La Repùblica
16 de Enero del 2008
PUNTO CRÍTICO. ¿CORRUPCIÓN EN EL GAS DE CAMISEA?
Por Chachi Sanseviero
Hoy se volverán a reunir el Contralor con la Dra. Lizárraga, jefa de la Oficina Nacional Anticorrupción. La agenda será de candela dado que el Contralor aún no logra conciliar funciones y competencias con ese organismo creado por un improntus presidencial.
Fue la directora de Proética quien señaló la salida a este entrampamiento. La prevención y la transparencia deberían ser sus objetivos en el ámbito de un Ejecutivo renuente a permitir el acceso a la información del manejo de los fondos públicos.
Pero el ciudadano de a pie poco entiende de estas disquisiciones y tiene claro que un organismo que dependa del Ejecutivo no tendrá autonomía para ejercer control en las instituciones a cargo de sus compañeros de gabinete.
Como todo tiene su tiempo, el Contralor, que fue indolente ante la inmoral modificación del contrato de Camisea en el gobierno de su amigo Toledo, hace unos días declaró a CPN Radio que se debe modificar la Ley de Concesiones porque crea inseguridad por los "constantes cuestionamientos a las empresas concesionarias". Señaló que dicha ley no es contundente para frenar actos de corrupción entre funcionarios y empresarios y que "darle beneficios continuos al concesionario ya denota por lo menos, un olor a colusión".
Esta grave acusación, que antes fue denunciada por la prensa independiente, tiene nombres propios importantes, los mismos que hoy pululan con patente de corso por los ministerios estratégicos como lo hacían en el anterior gobierno.
El caso más escandaloso es el de Camisea con sus reiteradas adendas, siempre en beneficio del inversionista que, como ha denunciado el Ing. Herrera Descalzi, son contratos leoninos que lesionan los intereses nacionales. En junio 2007, La República informó que tras una inspección en Proinversión, Contraloría autorizó iniciar acciones legales contra funcionarios responsables en la licitación del proyecto Camisea. ¿Qué pasó?
Emplazamos al Contralor y a la jefa de la ONA a destapar, de una vez por todas, esta olla podrida.