El Comercio
Lunes 15 de Octubre 2007
UNA NUEVA POLÍTICA DE HIDROCARBUROS
Por Aurelio Ochoa Alencastre.
Doctor en Geología

Al recurrente déficit de nuestra balanza comercial de hidrocarburos (US$987 millones en el 2006 y US$1.400 millones estimados en el 2007), añadimos ahora la decisión del concesionario de Camisea de limitar a solo dos empresas el abastecimiento de gas natural para desarrollar la petroquímica en el Perú. En tanto, el Ministerio de Energía y Minas informa sobre el interés en instalarse de 17 empresas, infiriéndose que ello obviaría potenciales inversiones estimadas en US$7.000 millones --más de cuatro Camiseas juntas--, siderales cifras que inducen a reflexión.

Señala bien la sustentación del proyecto de ley de petroquímica, aprobado por la Comisión de Energía y Minas del Congreso, cuando dice que esta industria genera seis veces más valor agregado al gas natural que si se utilizara (o exportara) como combustible. Además de propiciar un efecto multiplicador en industrias conexas que usualmente se instalan alrededor, mayores ingresos fiscales y, fundamentalmente, ingente generación de empleo.
¿Entonces, por qué darnos el lujo de soslayar esas potenciales multimillonarias inversiones que permitirían un salto en nuestra industrialización? La respuesta es simple: por el momento, no existen suficientes recursos gasíferos para afrontar plenamente el reto de la petroquímica, en parte por el compromiso de exportación.

Tales escenarios deben estar preocupando a las autoridades, pues desde los descubrimientos de petróleo en la selva norte, de gas y condensados en Camisea, Pagoreni y Candamo, y de petróleos pesados en Loreto, muy modestos han sido los hidrocarburos descubiertos los últimos 30 años, lo que ha inducido al ámbito petrolero internacional a catalogar, injustamente, al Perú como un territorio de alto riesgo geológico, lo que explicaría la escasa presencia de petroleras de envergadura mundial, pese a los importantes contratos firmados en los últimos años, o los entusiastas anuncios de ingentes inversiones poco concretadas en el tiempo, pues alto porcentaje de las autorizadas abandonan los lotes antes de cumplirse el período exploratorio de siete años, dejando incluso estigmatizadas esas áreas por buen tiempo.

En minería, a pesar de sus problemas, la intensidad exploratoria es tal que sus importantes hallazgos hablan por sí solos. Una actividad en la cual se paga derechos (mínimo US$3 al año por hectárea), inexistentes en hidrocarburos. Así, fácilmente en el Perú pueden obtenerse concesiones petroleras de más de un millón de hectáreas, que implican modestas obligaciones exploratorias, casi similares a las exigidas para lotes diez veces más pequeños, originando concentración de áreas en pocas opciones, con el agregado de que nuestro promedio de perforación exploratoria ha sido, y es, de los más bajos del continente, apenas cinco pozos anuales en el último septenio.

Estadísticamente, ello diluye las posibilidades de éxito en descubrir hidrocarburos. Así lo parecen confirmar nuestros pobres resultados en hallazgos, a diferencia de países vecinos como Colombia, donde el 2007 perforarán solo 26 pozos exploratorios. Para tener éxito, resulta fundamental que el tamaño de los lotes sea proporcional al esfuerzo exploratorio. El Perú ya concesionó cerca del 40% de su territorio (486.000 kilómetros cuadrados) para solo 64 contratos, en tanto que Brasil, con mucho menos área concesionada (295.000 kilómetros cuadrados), ha logrado 557 contratos de licencia (Wood Mackenzie, El Comercio, 10.08.07). Es decir, nueve veces más de efectividad con menos área comprometida.

Los resultados abismales en hallazgos de hidrocarburos entre uno y otro país son fáciles de inferir. Estas preocupantes cifras debieran inducirnos a rediseñar imperativamente nuestra política petrolero-gasífera.

Fuente: http://www.elcomercio.com.pe/edicionimpresa/Html/2007-10-15/Una_nueva_politica_de_hidrocar.html#print